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MANUEL BERMUDEZ
redactor
Alguien dijo alguna vez que "el arte en Costa
Rica valia por la escultura más que por la pintura".
Esta afirmación que parece tan tajante y contrastante con el
actual "boom de la pintura en el país, tiene consenso
internacional y es compartida por muchos críticos e incluso por
los mismos pintores nacionales en muchos casos.
Pero las políticas culturales no parecen prestar oídos a esta
situación.
Dentro de la discusión de este tema, alguien salió a decir por
ahí que la escultura en Costa Rica, excepto algunos pocos casos,
no soto carecía de talento y originalidad, sino que estaba
condenada a desaparecer hundida como una pesada mole en las
profundas aguas de la indiferencia. No obstante, este género
artístico en el país alcanza niveles de calidad muy reconocidos
internacionalmente, pese al descuido institucional.
En un momento en que la pintura alcanza un repunte y
aparentemente se fortalece el sector de la plástica, pensar en
escultura parece extraño, pese al estrecho vínculo entre ambas
manifestaciones artísticas.
Por ejemplo, parece no haber verdaderos críticos de escultura,
mientras en pintura abundan. |
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| De ahí que no se puede decir que
realmente la plástica esté renaciendo en Costa Rica, si
la distancia entre lo pictórico y lo escultórico es tan
grande. Mucho se ha dicho ya de la permeabilidad y el
esnobismo que gravita en et medio artístico
costarricense. En aras de una falsa modernización del
arte nacional, para que esté al nivel de las corrientes
más actuales, tanto creadores como críticos y personas
del medio, han abierto su labor a |
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corrientes no sólo poco vinculadas con la
realidad costarricense, sino poco sólidas e incluso tendientes a
diluirse en las grandes metrópolis del arte como París y Nueva
York.
Olger Villegas, escultor ampliamente reconocido nacional e
internacionalmente, asegura que no existe en Costa Rica ni una
sola institución que se preocupe por ayudar a la escultura.
Agrega que no hay, en el estado costarricense, una política
cultural que propicie el desarrollo de la escultura hacia una
verdadera evolución.
Por su parte, Aquiles Jiménez, miembro de una joven generación
de escultores que ha alcanzado gran reconocimiento, afirma que
se ha logrado un producto de calidad gracias al esfuerzo
personal de los artistas y no de las instituciones.
La actitud de los artistas de este género es, según ambos
escultores, lo que ha sostenido esa actividad desde sus inicios,
tanto en evolución como en calidad, pese a la sordomudez que las
instituciones padecen respecto del arte del los volúmenes.
MUCHO PARA HABLAR Y POCO QUE RESCATAR
Villegas dice que no existe una política cultural que haya
permitido un acceso consciente y un verdadero
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interés por el arte, sino que en general priva el
esnobismo. "El hecho de que un artista sea reconocido o premiado
hace que unos cuantos riquillos se interesen en comprarle obra",
asegura.
Entretanto, grandes valores artísticos son totalmente ignorados
y tienen que sobrevivir "trabajando con las uñas".
Si se creó un ministerio de Cultura, dice Villegas, es para que
la cultura tenga un curso hacia el fjrogreso, pero
desgraciadamente en este país, esas instituciones y las demás
encargadas del arte, se convierten en entes burocráticos,
anquilosados.
La escultura, como corriente creativa, implica muchos costos y
trabajo personal, de ahí la necesidad de vender que tiene el
escultor. En este caso, el reconocimiento de su obra no es
simple placer personal del artista, sino la satisfacción de una
necesidad de la cual depende la obra futura.
Este género artístico requiere de un mercado para su desarrollo,
que las autoridades costarricenses no han sabido impulsar, pese
a que la obra alcanza una calidad reconocida.
Nadie tiene verdadero interés por la escultura en Costa Rica,
asegura Villegas. Mientras tanto, en Panamá por ejemplo, existen
más esculturas públicas que en Costa Rica, aunque casi no hay
escultores en ese país, explica.
£1 histórico abandono en que se ha tenido la escultura en Costa
Rica llega a grados exagerados.
SOLITARIOS COMO MONOLITOS
Villegas sostiene que el verdadero motivo para
que se dé esa situación es que en las altas esferas y en los
entes rectores de la cultura oficial en el país, no existe un
interés y compromiso verdadero por la escultura. Del
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relativo interés que manifiestan unas pocas
personas, apenas si se sostiene este género como elemento
decorativo en algunos casos.
Los escultores, cada uno por su lado, tratan de enfrentar el
problema a su manera.
Otra
de las debilidades que se encuentra en este movimiento artístico
es que ios escultores son un poco solitarios y no han podido
conformar una asociación nacional Olger Villegas realiza el
molde en Costa Rica y luego se va a México a fundir y manda
algunas piezas a Estados Unidos o a Caracas para vender.
Sólo así puedo sobrevivir, asegura, aunque pierda mucho tiempo
en eso, tiempo que podría dedicar a mi producción.
Con una franqueza total, Aquiles Jiménez afirma que quienes
compran arte en Costa Rica, como en muchos otros países,
prefieren la pintura porque les es más fácil emplearla como
elemento decorativo.
EL
PESADO FARDO DE LA IGNORANCIA
para
llevar adelante una lucha conjunta.
Mientras un cuadro se puede guindar en una pared, una escultura
debe tener su propio espacio, de alguna manera obliga a quien la
contempla a interactuar con ella.
Esta situación, dice el escultor, demuestra la poca preparación
que existe en este país en cuanto a apreciación del arte.
Hay personas que compran cuadros porque les van bien con los
muebles y con eso es suficiente, pero una escultura le resulta
una pieza de arte que presenta otro tipo de obstáculos, como
requerir un pedestal, o contar con un volumen y un peso
específico.
Como factor cultural y educativo Aquiles Jiménez señala que
existe un problema de énfasis en la formación. Cuando se habla
de historia del arte, por ejemplo, se trata de historia de la
pintura, poco tiene que ver con otras |
manifestaciones artísticas. En grupos con poder
de decisión, como las instituciones estatales o los compradores
de arte, este problema se convierte en una promoción de la
pintura y en un desplazamiento de otras manifestaciones.
No existe una sensibilización por la apreciación
de la escultura y el afán de despertar un verdadero interés por
esta expresión, dice Jiménez.
Pese a ello, el gusto que tiene el común de los costarricenses
por la escultura, no se puede obviar, tanto en exposiciones como
en las obras publicas se evidencia un interés e interacción con
las piezas escultóricas.
Aunque porcentualmente existe mayor conciencia e identificación
con sus raíces en los escultores que en los pintores, poco eco
encuentra esa posición en los discursos supuestamente de gran
preocupación por rescatar la identidad y calidad cultural
costarricense.
En nuestro trabajo mantenemos una búsqueda dentro del contexto
latinoamericano, buscamos nuestras raíces como continente
latino, sin caer en un modernismo exagerado, asegura Aquiles
Jiménez.
El arte se politiza, mientras muchos artistas buscan crearse,
mediante la publicidad, una imagen que garantice la venta de sus
piezas, agrega.
Posiblemente condenados a que se repita el caso de don Paco
Zúñiga, la fuga de piezas de arte costarricense en escultura,
parece ser la lógica y triste consecuencia de una situación en
la que el interés de los que podrían apoyarlo se diluye cada vez
más.
Sin una verdadera promoción de su trabajo, los silenciosos
escultores elaboran sus piezas en un medio opaco, temiblemente
sordomudo.
Mientras, algunos posibles compradores prefieren ir al
extranjero a adquirir obras de dudoso valor, pero que puedan
causar resonancia entre pequeños grupos de amistades.
Pese a la inversión que significa la escultura, incluso como
negocio, poco reconocimiento se le ha dado.
Para responder a esa situación, los escultores han buscado crear
un asociación o fundación para llevar adelante sus proyectos y
encontrar respuestas a problemas comunes.
Pero el silencio amenaza con corroer aún la sólida voluntad de
los escultores.
Mientras tanto, el arte escultórico en Costa Rica parece
quedarse en el reducido mundo de los críticos antojadizos, la
ignorancia de las instituciones, tos compadrazgos, la
publicidad, el esnobismo y el gusto de bolsillo de una minoría,
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