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José
Sancho
Si se reconoce a la escultura como la manifestación artística en
la que la forma, y nada más que la forma, constituye el único
elemento de su lenguaje (otras modalidades de arte comprenden
además del color, el sonido, ta expresión corporal, la
interpretación, el lenguaje común, y hasta los artificios
tecnológicos), resulta nece--io estar en posesión de un talento
excep-inal, como para alcanzar los contenidos pro-:idos y
complejos que inspiran a! joven artis-herediano Aquiles Jiménez.
Porque para ¿rar en unos casos interpretar artísticamente Jo el
fenómeno de la hominización (pater-nogénests) y a la vez
interpretar plásticamente a la música se requiere, ademas del
dominio magistral y prodigioso del oficio que exhibe este
escultor, un manantial creativo muy cercano a la genialidad o al
menos tremendamente audaz. Veamos:
Metamorfosis
En muchas de sus esculturas, Aquiles Jiménez hace abstracción
mediante síntesis de ciertos rasgos generales a la vez
antropomórficos y animalísticos y los incorpora en la idea
básica que desea expresar, con lo que alcanza un logro artístico
que constituye un descubrimiento nunca antes obtenido por
escultor alguno, desde el Paleolítico hasta nuestros días. Es
sorprendente observar cómo ta insinuación de la cresta de
anfibios antidiluvianos, o la
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posición en
acecho del felino, se manifiestan como parte natural del
concepto esencialmente humano que inspiran sus obras. No se
trata, como en el monstruosismo, de la mezcla de partes
diferenciales de animales y de seres humanos como es el caso de
la minotauromaquia de Picasso o el de las sirenas, sátiros p
centauros de la mitología clásica, el de las esfinges y
divinidades egipcias. Tampoco es metamorfosis a lo Kafka, o a lo
Escher, quienes expresaron la sucesiva transformación de formas
animales en humanas y viceversa. No es pues un agregado mixto de
partes. Es la unificación dentro de un todo integra!, de lo que
de animal hay en la esencia del hombre y lo que de humano en la
bestia. Es quizás la expresión plástica del ancestral fenómeno
de la hominización por el que, hace más de medio millón de años
en la evolución de las especies,, ciertas formas animales fueron
tornando características de hombre. Vale decir, e! conjunto de
procesos por los que alguna especie animal fue adquiriendo
primero características antropoides y, con el correr de miles de
milenios, se fue transformando en el hombre que hoy conocemos,
según ha sido científicamente demostrado por paleontólogos
mediante la observación directa de formas fósiles.
Es necesario apuntar que lo que podría interpretarse como la
animalización dd hombre o la humanización de la bestia tiene en
la escultura de Aquiles Jiménez un sentido positivo y
progresivo. En cualquiera de los dos casos nos
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recuerda que si
bien procedemos de una forma
animal, conservamos de tal ancestro valores hereditarios aún
rescatables en una posible vuelta del hombre a la naturaleza,
ante un mundo mecanizado, tecnificado y enajenado que cada dia
nos deshumaniza pero no para volver a lo que fuimos, sino tal
vez para desaparecer en el holocausto nuclear por nosotros
mismos inventado y manejado. ¿Hacen acaso esto los animales,
atentar contra su misma especie?
Simbiosis
Todavía hay algo más en los aportes plásticos del escultor
Aquiles Jiménez: una rara simbiosis entre el hombre y la música.
Algunas de sus figuras antropoanimalisticas casi expresan un
tema melódico al haberles incorporado, también de manera
integral dentro de una unidad inseparable, un instrumento
musical que constituye, en sí, junto con el resto de rasgos, un
"acorde" plástico, en el que la aparente ejecución musical
determina la concepción formal de toda la figura y ésta, a su
vez, casi hace sentir una melodía dada su especial conformación
plástica.
Aquiles Jiménez aporta al arte universal un
logro escultórico enteramente nuevo en cuanto a realidad y
cuanto al macrocosmos que encierran sus figuras; la integración
de un triple contenido en una unidad plástica conceptual-mente
indivisible, al incorporar rasgos esenciales a la vez
antropomórficos, animalisticos y musicales. Este descubrimiento
revolucionario acredita a nuestro escultor at-aso romo uno
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