ANCORA  

La Nación, domingo2 de mayo de 1982


El aporte

escultórico de

Aquiles Jiménez


José Sancho


Si se reconoce a la escultura como la manifestación artística en la que la forma, y nada más que la forma, constituye el único elemento de su lenguaje (otras modalidades de arte comprenden además del color, el sonido, ta expresión corporal, la interpretación, el lenguaje común, y hasta los artificios tecnológicos), resulta nece--io estar en posesión de un talento excep-inal, como para alcanzar los contenidos pro-:idos y complejos que inspiran a! joven artis-herediano Aquiles Jiménez. Porque para ¿rar en unos casos interpretar artísticamente Jo el fenómeno de la hominización (pater-nogénests) y a la vez interpretar plásticamente a la música se requiere, ademas del dominio magistral y prodigioso del oficio que exhibe este escultor, un manantial creativo muy cercano a la genialidad o al menos tremendamente audaz. Veamos:
Metamorfosis
En muchas de sus esculturas, Aquiles Jiménez hace abstracción mediante síntesis de ciertos rasgos generales a la vez antropomórficos y animalísticos y los incorpora en la idea básica que desea expresar, con lo que alcanza un logro artístico que constituye un descubrimiento nunca antes obtenido por escultor alguno, desde el Paleolítico hasta nuestros días. Es sorprendente observar cómo ta insinuación de la cresta de anfibios antidiluvianos, o la
 

 posición en acecho del felino, se manifiestan como parte natural del concepto esencialmente humano que inspiran sus obras. No se trata, como en el monstruosismo, de la mezcla de partes diferenciales de animales y de seres humanos como es el caso de la minotauromaquia de Picasso o el de las sirenas, sátiros p centauros de la mitología clásica, el de las esfinges y divinidades egipcias. Tampoco es metamorfosis a lo Kafka, o a lo Escher, quienes expresaron la sucesiva transformación de formas animales en humanas y viceversa. No es pues un agregado mixto de partes. Es la unificación dentro de un todo integra!, de lo que de animal hay en la esencia del hombre y lo que de humano en la bestia. Es quizás la expresión plástica del ancestral fenómeno de la hominización por el que, hace más de medio millón de años en la evolución de las especies,, ciertas formas animales fueron tornando características de hombre. Vale decir, e! conjunto de procesos por los que alguna especie animal fue adquiriendo primero características antropoides y, con el correr de miles de milenios, se fue transformando en el hombre que hoy conocemos, según ha sido científicamente demostrado por paleontólogos mediante la observación directa de formas fósiles.
Es necesario apuntar que lo que podría interpretarse como la animalización dd hombre o la humanización de la bestia tiene en la escultura de Aquiles Jiménez un sentido positivo y progresivo. En cualquiera de los dos casos nos
 
recuerda que si bien procedemos de una forma
animal, conservamos de tal ancestro valores hereditarios aún rescatables en una posible vuelta del hombre a la naturaleza, ante un mundo mecanizado, tecnificado y enajenado que cada dia nos deshumaniza pero no para volver a lo que fuimos, sino tal vez para desaparecer en el holocausto nuclear por nosotros mismos inventado y manejado. ¿Hacen acaso esto los animales, atentar contra su misma especie?
Simbiosis
Todavía hay algo más en los aportes plásticos del escultor Aquiles Jiménez: una rara simbiosis entre el hombre y la música. Algunas de sus figuras antropoanimalisticas casi expresan un tema melódico al haberles incorporado, también de manera integral dentro de una unidad inseparable, un instrumento musical que constituye, en sí, junto con el resto de rasgos, un "acorde" plástico, en el que la aparente ejecución musical determina la concepción formal de toda la figura y ésta, a su vez, casi hace sentir una melodía dada su especial conformación plástica.
Aquiles Jiménez aporta al arte universal un
logro escultórico enteramente nuevo en cuanto a realidad y cuanto al macrocosmos que encierran sus figuras; la integración de un triple contenido en una unidad plástica conceptual-mente indivisible, al incorporar rasgos esenciales a la vez antropomórficos, animalisticos y musicales. Este descubrimiento revolucionario acredita a nuestro escultor at-aso romo uno