14A/OPINION LA NACION, miércoles 26 de enero del 2000

FORO DE LA Nación

Escultura: lo malo y lo nuevo

AQUILES JIMÉNEZ

Hace ya mucho tiempo que el critico del arte del The New York Times John Canaday dijo: "La incapacidad de la critica para reconocer el valor de la pintura impresionista, cuando ella surgió, le creó a los críticos futuros un complejo de culpa y tal intimidación, que hoy la crítica se siente obligada a aprobar todo lo que se le anuncia como novedad".
Es así como se pasó de los grandes saltos cualitativos en el arte del siglo XX, que significaron grandes transformaciones formales y espaciales que fueron una novedad, a la novedad misma. La entronización de la novedad como valor fundamental del arte, nos dice Ferreira Guller, se volvió una especie de terrorismo que inhibe el juicio crítico y garantiza la vigencia impune de cualquier idea idiota.
No se necesita talento. Sentimiento de culpa, miedo a la calificación de retrógrados, exigencias del mercado consumista, o más bien la comodidad de crear un clima de falta de referencias donde el arte, lejos de ser una opción espiritual, se concibe como una actividad aleatoria desprovista de imagen estética, de procesos técnicos de elaboración y para la cual no se necesita necesariamente talento artístico, pues es tan solo un concepto de

 

El arte siempre dará

tema para hablar a los

comentaristas... solo

hablar



arte sin lenguaje. Son objetos, como dice Ferreira, cuya expresividad es externa a ellos, meramente sintáctica y coyuntura 1.
Encontramos aquí que lo sintáctico y coyuntural, o sea el "discurso", es precisamente el trono desde el cual los que hablan del arte desean guiar los destinos de los artistas y del público boquiabierto. Es necesario decir que es una labor sencilla la del comentarista actual del arte, pues solamente discrimina y juzga entre lo que él califica como novedoso y lo obsoleto, aunque lo que llame novedoso halla sido hecho hace cuatro décadas y sea tan extemporáneo como lo otro. Los argumentos: unos están anacrónicos, desinformados y sus obras conservan vestigios de técnicas y herramientas tradicionales; los otros estructuran sus propuestas con objetos encontrados, los cuales no intervienen técnicamente, y cuanto más irreverentes con respecto a las concepciones comunes de
 

composición y manejo de los espacios, mejor se califica. Ya no es imprescindible el conocimiento del lenguaje plástico en todas sus complicadas manifestaciones, es la novedad el único ingrediente primordial de esta sopa de incertidumbre que conviene a algunos, y la información pasó de ser un elemento de apoyo a convertirse en dios todopoderoso.
Sentirse el centro. Será que los comentaristas quieren jugar de artistas creando, "contextualizando" los objetos realizados por los productores "artistas", y sueñan con dirigir los destinos de la creación y sentirse el centro de un proceso en el cual no existe el artista creador, ni obra de arto, ni elementos estéticos que juzgar, ni poesía, ni magia, solo discurso, novedad e información en espera de un traductor. Alguien que destile esa grotesca jungla de información de revistas a las cuales es un delito no esta inscrito, no por el hecho de que no nos enteremos de lo que otros artistas están haciendo sino porque debemos estar a la altura de las novedades allí publicadas y hacer nuestra obra en consecuencia
Si es así, les tenemos que decir que los conceptos del arte provienen del arte, que el concepto de arte no es el arte mismo, y que el arte siempre les dará tema de que hablar, pero sólo hablar...
 

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