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Hace ya mucho tiempo que el critico
del arte del The New York Times John Canaday dijo: "La
incapacidad de la critica para reconocer el valor de la pintura
impresionista, cuando ella surgió, le creó a los críticos
futuros un complejo de culpa y tal intimidación, que hoy la
crítica se siente obligada a aprobar todo lo que se le anuncia
como novedad".
Es así como se pasó de los grandes saltos cualitativos en el
arte del siglo XX, que significaron grandes transformaciones
formales y espaciales que fueron una novedad, a la novedad
misma. La entronización de la novedad como valor fundamental del
arte, nos dice Ferreira Guller, se volvió una especie de
terrorismo que inhibe el juicio crítico y garantiza la vigencia
impune de cualquier idea idiota.
No se necesita talento. Sentimiento de culpa, miedo a la
calificación de retrógrados, exigencias del mercado consumista,
o más bien la comodidad de crear un clima de falta de
referencias donde el arte, lejos de ser una opción espiritual,
se concibe como una actividad aleatoria desprovista de imagen
estética, de procesos técnicos de elaboración y para la cual no
se necesita necesariamente talento artístico, pues es tan solo
un concepto de |
El arte siempre dará
tema para hablar a los
comentaristas... solo
hablar
arte sin lenguaje. Son objetos, como dice Ferreira, cuya
expresividad es externa a ellos, meramente sintáctica y
coyuntura 1.
Encontramos aquí que lo sintáctico y coyuntural, o sea el
"discurso", es precisamente el trono desde el cual los que
hablan del arte desean guiar los destinos de los artistas y del
público boquiabierto. Es necesario decir que es una labor
sencilla la del comentarista actual del arte, pues solamente
discrimina y juzga entre lo que él califica como novedoso y lo
obsoleto, aunque lo que llame novedoso halla sido hecho hace
cuatro décadas y sea tan extemporáneo como lo otro. Los
argumentos: unos están anacrónicos, desinformados y sus obras
conservan vestigios de técnicas y herramientas tradicionales;
los otros estructuran sus propuestas con objetos encontrados,
los cuales no intervienen técnicamente, y cuanto más
irreverentes con respecto a las concepciones comunes de
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composición y manejo de los
espacios, mejor se califica. Ya no es imprescindible el
conocimiento del lenguaje plástico en todas sus complicadas
manifestaciones, es la novedad el único ingrediente primordial
de esta sopa de incertidumbre que conviene a algunos, y la
información pasó de ser un elemento de apoyo a convertirse en
dios todopoderoso.
Sentirse el centro. Será que los comentaristas quieren jugar de
artistas creando, "contextualizando" los objetos realizados por
los productores "artistas", y sueñan con dirigir los destinos de
la creación y sentirse el centro de un proceso en el cual no
existe el artista creador, ni obra de arto, ni elementos
estéticos que juzgar, ni poesía, ni magia, solo discurso,
novedad e información en espera de un traductor. Alguien que
destile esa grotesca jungla de información de revistas a las
cuales es un delito no esta inscrito, no por el hecho de que no
nos enteremos de lo que otros artistas están haciendo sino
porque debemos estar a la altura de las novedades allí
publicadas y hacer nuestra obra en consecuencia
Si es así, les tenemos que decir que los conceptos del arte
provienen del arte, que el concepto de arte no es el arte mismo,
y que el arte siempre les dará tema de que hablar, pero sólo
hablar...
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